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"El Santo Padre Juan Pablo II saluda con afecto a los fieles reunidos en una solemne Santa Misa en la Catedral de Santiago de Compostela en la memoria de los Santos Joaquín y Ana, y se une espiritualmente a ellos para rendir homenaje a las personas mayores, depositarias de un rico patrimonio de fe y tradición.
Al mismo tiempo el Sumo Pontifice les invita a ser testigos de los genuinos valores evangélicos en la sociedad española, colaborando en la construcción de un mundo en paz, fraternidad y amor, en el que se tenga presente la dignidad y los derechos de la Tercera Edad.
Con estos vivos deseos y bajo la constante protección de la Santísima Virgen, Su Santidad se complace en impartirles la implorada Bendición Apostólica, que hace extensiva a sus familiares y demás seres queridos"
CARTA PASTORAL DEL ARZOBISPO DE SANTIAGO DE COMPOSTELA
| Queridos diocesanos: La Asociación "Edad DoradaMensajeros de la Paz", cuyo objetivo es atender a los niños y a las personas mayores, ha manifestado el deseo de que el 26 de julio, en que la Iglesia celebra la festividad de San Joaquín y de Santa Ana, abuelos del Niño Jesús, sea un día en que, cada año, recordemos y miremos con especial reconocimiento y agradecimiento a los abuelos. No ignoramos la importancia de los abuelos, "testigos del pasado e inspiradores de sabiduría para las nuevas generaciones", en la formación y en la educación dentro de la escuela familiar donde son maestros de la comprensión y del afecto, de la fe y de la oración, en el aconsejar y en el consolar. Frecuentemente les encontramos por nuestras calles acompañando a los nietos, recorriendo el camino a casa, a la iglesia o al colegio, o sencillamente dando un paseo. Una imagen llena de serenidad y ternura, de confianza y esperanza. Es el reflejo de ese arco iris humano, preludio de un horizonte donde se forja una nueva convivencia y cultura humana, uniendo el pasado y el futuro, la experiencia y la curiosidad, la sabiduría y el afán de aprender. |
| Los abuelos con las
limitaciones y los achaques propios del debilitamiento de
sus fuerzas físicas, caminan de cara a la vida y son el
gran crisol del amor de la familia. En este escenario
desempeñan un papel importante, y no deben ser
considerados como un peso inútil, ni tampoco deben ser
contemplados sólo como `'objeto de atención, cercanía
y servicio". Es preciso valorar su presencia como
"transmisores de sabiduría, testigos de la
tradición de la fe, de la esperanza y de la
caridad". En el seno de toda la vida humana tienen
un valor particular. En la historia de todos los pueblos
y en el sentir de todas las generaciones, están
aureolados por el prestigio y rodeados de veneración. Acogerles y mostrarles nuestra solidaridad más allá de todo deber, lo hemos de sentir como una necesidad. Es preciso ofrecerles todo nuestro apoyo sin que se sientan humillados, colaborando a su calidad de vida. En sus ojos cansados pero siempre llenos de luz, encontramos esa chispa de viveza que nos descubre una existencia profunda y serena, que otea espiritualmente un horizonte sin limites. En su rostro surcado por las arrugas, fruto de un largo bregar, descubrimos tristezas y esfuerzos que van a dar a la mar de un alma tranquila y confiada. En sus palabras tejidas con la mente y el corazón se nos ofrece el consejo tantas veces pensado en el ámbito misterioso de sus soledades. No busquemos en ellos las flores de la primavera, exuberantes y vistosas, sino los frutos sazonados del otoño, que se manifiestan con lucidez. Los nietos viven una parte de su historia gracias a los abuelos. Si éstos siempre han de ser referente en la vida de familia, de manera especial en nuestros días cuando algunas generaciones de niños no pueden contar con esa presencia cercana y confiada de sus padres por motivos que no es de este espacio el analizarlos. "Corona de los ancianos son los nietos" (Prov. 17,6). Una corona hecha de amor porque como dice el proverbio árabe: "El único dolor que mata más que el hierro es la injusticia que procede de nuestros familiares". En los abuelos percibimos la paz y la armonía que fundamentan la felicidad que la destroza no el dolor sino el desamor. Ayudemos a nuestros abuelos no a recordar sino a seguir viviendo mientras caminan hacia la felicidad. Os saluda con todo afecto y bendice en el Señor, U Julián Barrio Barrio, |
CARTA PASTORAL DEL OBISPO DE CANARIAS
Queridos hermanos:
La Asociación "Edad Dorada", que forma parte de "Mensajeros de la Paz", nos propone a los obispos que dediquemos el día de la festividad de San Joaquín y Santa Ana, abuelos del Señor por ser padres de la Virgen María, su Madre, para rendir un merecido homenaje a todos los abuelos de nuestra Diócesis, celebrando el "Día de los Abuelos".
Todos sabemos que nuestra sociedad, tan materialista, cada día desprecia más a los hombres y mujeres de la Tercera Edad y que no es raro que los ingresen en Residencias para verse libres de ellos, o que los dejen en Urgencias de cualquier hospital o clínica cuando llega "un puente" festivo y resultan un estorbo para un viaje turístico. Y es que nuestra sociedad, además de materialista, es muy injusta con esos hombres y mujeres que, tantas veces, lo han dado todo por nuestros padres y, directa o indirectamente, por nosotros mismos. En nuestra sociedad faltan entrañas de misericordia para amar a los abuelos, para comprenderlos, para acogerlos y ayudarles, para - sobre todo - ofrecerles amor.
De ahí que sea bueno celebrar esta Jornada que nos permite a todos, cristianos y no cristianos, comprender que tenemos un deber de justicia hacia los abuelos, además de un deber de amarlos y ayudarles.
Y, para los cristianos, este deber es especialmente importante: nuestros abuelos han jugado, sin duda, un papel fundamental en el hecho de que hayamos recibido la fe: difícilmente hubiésemos conocido al Señor y seríamos creyentes de Jesucristo, si no hubiera sido por el papel que nuestros abuelos han jugado en la transmisión de la fe a través de nuestros padres, en nuestra misma educación (humana y religiosa), en nuestra formación como personas.
"Nuestros abuelos, a quienes la Biblia reserva el calificativo de ricos en sabiduría, maestros de la vida, testigos de la fe y personas llenas de respeto a Dios"". (Juan Pablo II: "Evangelium Vitae"), merecen todo nuestro cariño y toda nuestra atención. El mismo Papa, en la Encíclica citada nos dice "que es importante que se conserve o se restablezca donde se haya perdido, un pacto entre las generaciones, de modo que los padres ancianos, llegados al término de su camino, puedan encontrar en sus hijos (y también en sus nietos...) la acogida y solidaridad que ellos les dieron cuando nacieron" o a lo largo de la vida.
Es importante la figura del abuelo, para cada persona, para la familia, para la misma sociedad. Si se prescinde de los abuelos o se los margina, algo se rompe en la necesaria continuidad generacional, se pierde memoria histórica, se agudizan los peligros de repetir errores que en el pasado hicieron un gran daño a la sociedad, se ciega un manantial de ternura y comprensión para todos.
Hoy rezamos por los abuelos, nos comprometemos a amarlos y ayudarles, y pedimos a los gestores del bien común que, por justicia, les ayuden cuanto sea posible para que puedan vivir con sus familiares, mediante justas pensiones, mediante compensaciones sociales a esas sus familias, y mediante la promoción de viviendas con capacidad suficiente para que nadie tenga que prescindir de ellos por falta de espacio.
¡Que el Señor bendiga a los abuelos! ¡Que la Virgen María, así como Santa Ana y San Joaquín, intercedan por su bienestar!
Las Palmas de Gran Canaria, 26 de Julio de 1998.
Ramón Echarren Ystúriz
Obispo de Canarias
GUADIX - BAZA
Queridos sacerdotes y fieles:
Hace pocas semanas, el Padre Angel García Rodríguez, Presidente de la Asociación "EDAD DORADA - MENSAJEROS DE LA PAZ", Organización no Gubernamental con la finalidad de atender a niños y personas mayores, ha dirigido una carta a Obispos y otras personas solicitando nuestro apoyo para institucionalizar el "DÍA DE LOS ABUELOS".
Se trata, a mi parecer, de una idea muy digna y merecedora de ayuda por nuestra parte, dado el papel tan importante que han jugado y juegan los abuelos en nuestra fe, formación y educación. "Nuestros abuelos, a quienes la Biblia reserva el calificativo de ricos en sabiduría, testigos de la fe y personas llenas de respeto a Dios", son merecedores del reconocimiento por parte de quienes han recibido de ellos la vida y el testimonio ejemplar de entrega y abnegación que, en no pocos casos, ha llegado a límites casi heroicos.
"En esta época en la que nos ha tocado vivir - dice el P. Angel -, y en la que todos están de acuerdo en que la familia es la base y los cimientos de nuestra sociedad, tenemos puesta una gran ilusión y cariño en establecer el Día de los Abuelos, como ya existe el Día del Padre, el Día de la Madre... Pensamos que la figura del abuelo es muy importante dentro del seno de nuestras familias. Esta celebración será el 26 de Julio, festividad de San Joaquín y Santa Ana, abuelos del Niño Jesús. Con ello queremos rendir un homenaje a estos hombres y mujeres".
El Papa Juan Pablo II, con motivo de la entrega del Premio de la Paz y la Solidaridad a la Asociación Edad Dorada Mensajeros de la Paz el 21 de octubre de 1997, les dirigía estas palabras de ánimo en relación con la instauración del Día de los Abuelos: "Os aliento a seguir dedicándose a esa noble tarea, especialmente con los ancianos, a fin de que las personas de la Tercera Edad, lejos de considerarse marginadas, puedan sentirse vinculadas al ambiente en el que han vivido durante muchos años, enriqueciéndolo con su experiencia de testigos del pasado y como inspiradores de sabiduría para las nuevas generaciones... Animo vivamente a quienes trabajan al servicio de los ancianos, en Residencias o en domicilios particulares, a que les den siempre muestras de afecto y compañía. Les hagan sentirse como en a propia familia y puedan experimentar así la alegría de vivir...".
Os animo, queridos sacerdotes y fieles, a que hagáis cuanto esté de vuestra parte en vuestras parroquias para ofrecer un acto sencillo de reconocimiento agradecido a nuestros mayores. Especialmente encomiendo esta iniciativa a la Delegación Diocesana de Pastoral Familiar, al Movimiento de Vida Ascendente y a las Hermanitas de los Ancianos Desamparados que atienden las Residencias en Baza y en Guadix.
Con gran afecto en el Señor, e invocando la protección de San Joaquín y Santa Ana sobre todos.
Juan García Santa Santacruz
Obispo de Guadix-Baza
CARTA PASTORAL DEL OBISPO AUXILIAR EMÉRITO DE MADRID
PADRES Y MADRES POR PARTIDA DOBLE
(en el "DÍA DE LOS ABUELOS Y ABUELAS")
Los abuelos y abuelas son doblemente padres, primeramente engendrando y criando a sus hijos, y luego, ayudando a criar a los nietos.
Con razón admiramos cuanta vida ha derramado Dios en nuestra Tierra, en millones de especies vegetales y animales, pero no nos fijamos en un milagro tan grande o mayor, por el cual la misma vida puede transmitir su vida a otros seres en todo semejantes a sus progenitores.
Este verdadero milagro permanente tiene su cumbre en la especie humana, engendrando un ser que es una maravilla, cuyo cerebro contiene miles de millones de neuronas que constituyen como el cuadro de mandos de la compleja maquinaria de su cuerpo y de su espíritu, su inteligencia y su querer, su capacidad de recordar y de aprender, su voluntad y libertad, su persona y su personalidad.
¡Cuánto saben de todo esto los abuelos y abuelas, por instinto vital! ¡Cuánta atención y cuántas atenciones hacia esas vidas que ellos habían sembrado, y que crecían ante sus ojos asombrados! ¡Cuánta paciencia, desvelos, preocupaciones y problemas, y también alegrías, progresos y satisfacciones viéndoles nacer, crecer, formarse, y prepararse para andar por el mundo como esculturas vivientes que ellos mismos habían labrado con su amor y su dolor, y que ahora caminan por la vida transmitiendo a su vez la vida a otros seres humanos como ellos!
Y luego, el abuelo y la abuela colaboran de nuevo en esta obra divina, que no consiste solamente en engendrarlos, sino también en educarlos, cuidarlos, amarlos y formarlos. Con frecuencia ellos se encargan de los nietos en ausencia de los padres, durante algunos ratos en circunstancias normales; de modo más estable, cuando faltan los padres en situaciones dramáticas y dolorosas.
No exageramos diciendo que se trata de una obra divina, porque el Hijo de Dios, hecho hombre por nuestra salvación, fue constituido como cabeza de la humanidad. En el fondo, es Dios mismo el que da vida a los hombres, contando con la colaboración de los padres, que con sus hijos le dan hijos a Dios, llamados a ser su familia, hermanos de Cristo por el Espíritu Santo que se nos da desde el Bautismo.
Los padres de María fueron abuelos de Jesús, y seguramente tuvieron con él los mil detalles y atenciones de ternura que todos los abuelos prodigan a sus nietos. En realidad, sus nombres no aparecen en los Evangelios canónicos, sino en un apócrifo llamado " Protoevangelio de Santiago", pero ya desde el siglo VI se celebra litúrgicamente el nombre de Santa Ana en la Basílica de Constantinopla, mientras que el de San Joaquín no aparece hasta el siglo XVI. Después de todo, da igual que se llamasen así o de otra manera, porque aunque esos nombres no fueran ciertos, lo que sí es evidente es que María tuvo padre y madre y de alguna manera había que llamarlos.
Hasta a reforma litúrgica después del Concilio Vaticano II se celebraban sus fiestas separadamente. Ahora se han unido las dos en una sola, el 26 de julio, y ese día vamos a celebrar también el DÍA DE LOS ABUELOS Y DE LAS ABUELAS, como merecido homenaje a su labor, su experiencia, su sabiduría, sus desvelos, su amor y su paciencia.
Gracias a Dios, en general hoy disfrutan de más comodidad, seguridad, higiene y sanidad que en otros tiempos, aunque no falten tampoco situaciones de abandono, de soledad y de indigencia que tanto sus descendientes como, en su ausencia, la sociedad habría de atender.
Pero a éstos y a todos debemos ofrecer nuestro respeto, cariño y gratitud por su labor y su servicio, no solamente a sus hijos y nietos, sino también indirectamente al bien común de toda la sociedad en general.
Recordemos, para terminar, algunos consejos y advertencias de la Palabra de Dios en el libro del Eclesiástico:
"Hijo, cuida de tu padre en la vejez,
y en su vida no le causes tristeza.
Pues el servicio hecho al padre no quedará en olvido,
será ara ti restauración en lugar de tus pecados.
Como blasfemo es el que abandona a su padre,
maldito del Señor quien irrita a su madre" (Eclesiástico 3, 12-16)